Leyendas que dan miedo... La Santa Compaña, la procesión de los muertos...

Al noroeste de España, principalmente (pero no sólo) en las comunidades de Galicia y Asturias, se encuentra una de las leyendas más famosas del país por los numerosos avistamientos ocurridos a lo largo del tiempo desde la Edad Media... una tierra donde hay una extraña concentración de fenómenos inusuales, enredados en el mito sempiternamente arraigado en todas las culturas, particularmente en las ascendencia celta, en las que Galicia e Irlanda comparten tantas raíces comunes. Quizás el más famoso de ellos sea el de la tenebrosa e inquietante Santa Compaña. Hablamos de Galicia y, por ende, de una tierra en donde la lluvia, el viento, la bruma, el misterio y también, por qué no, la superstición, juegan un papel importante; Galicia donde el paganismo milenario y las rentas de aquella gran cultura que fue la celta, que dejó en la espesa y sempiterna bruma local su huella indeleble, hay un fenómeno que cabalga entre leyenda y realidad, y que más allá de lo especulativo o el rumor interesado podría tener un fundamento de carácter esotérico con –probablemente– algunos elementos indiciarios vinculados a la física formal –mirados con gran angular y sin prejuicios–, aunque esto parezca a priori una herejía, o mera barbaridad. Como antropólogo, poseo una mirada de la realidad que muchas veces confronta con la "verdad" científica: entiendo que la verdad no es un concepto absoluto y circular y que en muchas ocasiones tiene espacios de incertidumbre y zonas erróneas en abundancia, sobre todo cuando es observada por gentes con campo de visión reducido; me refiero a aquellos que son ciegos por vanidad o que sencillamente están enrocados en egos inexpugnables. Antes que la ciencia existe algo que se llama lo inmanifestado; algo preexistente, inaprensible e inalcanzable, y que también se conjuga en pasado, presente y futuro. La Santa Compaña se trata de una procesión de ánimas que discurren por la noche, a partir de las doce, en los alrededores de una parroquia o pueblo, con el fin de visitar o advertir a las casas en las que pronto habrá una defunción.
Una procesión de almas en pena encapuchadas, con túnicas blancas (o negras, depende de la versión), en la que cada una de sus integrantes portan una vela encendida, y a su paso van dejando un olor a cera que avisa a los merodeadores próximos de su presencia. Formada por dos filas de ánimas, va encabezada por un vivo que porta una cruz y un caldero de agua bendita. Este sujeto por el día no recuerda su presencia en la procesión fantasmal, solamente se les podrá reconocer por su progresiva delgadez y palidez, a causa del castigo; debilitándose y enfermando hasta su fallecimiento, o hasta que le entregue la cruz a algún incauto que se encuentre con la Santa Compaña en una de sus travesías nocturnas por los bosques. Muchos descreídos imputan estas visiones a la ingesta del orujo local, la queimada u otras aficiones escondidas por lo que, según estos, se describe de manera común y muy similar en apartados y distantes rincones entre gentes que no se conocen entre sí. Este hecho social ha tenido numerosos “avistamientos”, no solamente en Galicia y Asturias, sino también en Zamora, Salamanca y León, donde a este fenómeno espectral se le conoce como "la Huéspeda”. En lugares como Extremadura y Castilla se le conoce con el nombre de "la Estantigua”. La procesión avanza emitiendo rezos, normalmente rosarios, cánticos fúnebres y tocando una campanilla. Los perros avisan de la llegada de la Santa Campaña aullando de forma desmedida, y los gatos huyendo. Después, en el bosque no se escucharán otros ruidos más que el de la campanilla que portan, y su reconocible hedor a cera. La Santa Compaña, según la compilación de miles de testimonios, la tradición oral y las investigaciones de antropólogos locales y foráneos, se trataría de una procesión compuesta por dos hileras de ocho espectros en cada una, almas en pena básicamente, y que va encabezada por una figura también espectral, "la Estadea”, que es el espectro de mayor rango que va presidiendo el desfile mortuorio. Suelen ir vestidos con sudarios que portan una capucha y, según testimonios, en ocasiones van descalzas. Aparecen cuando ya ha pasado la la medianoche y, por general, portan en sus manos un hueso con el extremo encendido a modo de luminiscencia fosforea que funciona como si de una vela se tratara. Aunque se dice que no todos tienen la capacidad de ver la Santa Compaña, sólo aquellos que, de niños, fueran bautizados por error con los óleos de los difuntos. Los demás, sólo podrían sentirla, mas no verla. Es más común encontrarse a la fantasmal procesión las noches del 24 de junio y del 31 de noviembre. Lo mismo sucede en los cruces de caminos o en las proximidades a los cementerios.
Formas de protección En caso de un encuentro con la Santa Compaña, hay algunas formas de protegerse ante la invitación del vivo que la preside: - Dibujar un círculo con una rama de olivo en el suelo y entrar en él - Rezar en voz alta - Decir "Cruz ya tengo" cuando el vivo intente darte la cruz - Subir a un cruceiro (monumentos cuyo uno de sus fines es proteger a los peregrinos del Camino de Santiago, de la Santa Compaña) - O directamente, salir corriendo Los orígenes de esta aparición milenaria pueden tener sus raíces en creencias celtas que, en sagas y petroglifos, expresan rotundamente las apariciones de los espíritus nocturnos con una naturalidad pasmosa. El noroeste de la Península Ibérica y, en particular la comunidad de Galicia, fue el lugar por antonomasia de asentamiento del pueblo celta. Muchas de sus tradiciones impregnan enormemente el imaginario gallego, pero cuando se implantó el cristianismo, la Iglesia, al no poder erradicar estas creencias populares tan arraigadas, se limitó a cristianizar costumbres y relatos de origen pagano sobre el culto a los muertos.( Álvaro Van der Brule) 'La Santa Compaña, El Urco y Los Muertos', del escritor Elisardo Becoña Iglesias, estudia este tipo de apariciones con una amplia profusión de datos que ilustran detallada e inquietantemente este fenómeno, que es motivo de debate entre historiadores y profanos, entre observadores experienciales y legos, entre creyentes y descreídos. Destaca en ella el autor de manera vehementemente, el acogerse al amparo de un cruceiro, si es que este está a mano claro. La Santa Compaña, como fenómeno antropológico-cultural de Galicia, trata el fascinante y extraño mundo, inquietante y misterioso en el que una visionaria recreación espiritual aglutina como una madeja a un conjunto de temas metafísicos y paradojas de los actores sociales entre el 'ethos' del vivir y el 'pathos' de la muerte, en un claro intento poético de curar las heridas causadas por la terrible tragedia que nos impone la vida en su actual estado de conocimiento. Quizá algún día una formación evolutiva zanje estas dicotomías.
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